IMA

Mirando a Jesús Buen Pastor buscamos conocer y amar a cada uno de nuestros destinatarios, llamarlos por su nombre, escucharlos para conocer su historia y salir a buscar a los que están más lejos.

Dice Jesús “Yo soy el buen pastor; yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo lo conozco a él, y doy mi vida por las ovejas.  Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas.” Juan 10, 11- 16

La Virgen María es para nuestra Casa: MADRE Y AUXILIADORA. Ella es quien nos brinda protección y ternura, la que nos socorre y viene en nuestro auxilio en los momentos difíciles. Ella es también Maestra, porque nos enseña y nos da el ejemplo en la escucha y en el seguimiento de Jesús.

EL nombre de AUXILIADORA existía antes de Don Bosco pero sin duda alguna fue él quien propagó su devoción por el mundo entero. La congregación de las hermanas salesianas recibe de él su nombre, quien las nombró: “Hijas de María Auxiliadora”.

 «La educación es un acto de amor, es dar vida. Y el amor es exigente, pide encontrar los mejores recursos, para despertar la pasión y comenzar un camino con paciencia junto a los jóvenes. El educador en las escuelas católicas debe ser ante todo muy competente, calificado y al mismo tiempo lleno de humanidad, capaz de estar entre los jóvenes con estilo pedagógico, para promover su crecimiento humano y espiritual». (Papa Francisco a la plenaria de la Congregación para la Educación Católica, 13 de febrero de 2014)

Juan Bosco era un sacerdote italiano que quiso dar respuesta a las necesidades de los muchachos de su época, especialmente los más pobres. Deseaba hacerles experimentar el amor de Dios y que Jesús era el amigo que necesitaban para salir adelante en la vida. Esta historia comenzó en un lugar concreto: el Oratorio de Valdocco en la ciudad de Turín. Allí los jóvenes se sentían envueltos en un ambiente de espontaneidad, alegría y fiesta, que brotaba de las relaciones que Don Bosco y los educadores establecían con los muchachos. Pero el desafío era muy grande como para que Juan lo afrontara solo. Por ello, bajo el mismo espíritu, María Mazzarello extendió la misión a las muchachas. El puntapié inicial fue dado en el pequeño poblado de Mornese.

 

Hoy los tiempos han cambiado y los invitados a continuar esta misión entre los jóvenes somos nosotros. Inspirados en nuestros fundadores, no queremos repetir lo que ellos hicieron sino identificarnos con el espíritu que los movió a gastar sus vidas por los jóvenes, heredando así los tesoros del sistema preventivo y de la espiritualidad juvenil salesiana.